La educación no ha muerto

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Escuchaba esta semana, al hilo del -Coronavirus-, que con cierta frecuencia, las noticias que nos llegan tienen atisbos apocalípticos, claro que hay gravedad en ellas pero nos empeñamos en darles un acento terminal, vendemos endorfinas marketinianas hasta en lo que debería ser el altavoz de la verdad: la comunicación.

Otro sector que perdió hace tiempo el norte y que probablemente sea una de las causas de nuestro  actual contexto es el educativo, todos sabemos de educación, las teorías educativas abundan por doquier, se contradicen todas, la mayoría carecen de fundamento científico y pedagógico, los supuestos gurús no han pisado un aula en su vida

Cuando una autoridad de reconocido prestigio alza la voz, algunos se rebelan, otros patalean ante lo obvio… Ven amenazado su -mercado-.

Recopilo alguna de las sentencias del último libro de Inger Enkvist, “Controversias Educativas”, una amena conversación con la mejor periodista en temas educativas de nuestros país, Olga Rodríguez Sanmartín:

  1. La literatura es una magnífica manera de desarrollarse intelectualmente.
  2. La nueva pedagogía se ha presentado como una teoría o hecho científico, y en cambio, no ha dado buenos resultados.
  3. Por razones de igualdad, se ha quitado lo que cuesta esfuerzo, y en las Humanidades hay que leer mucho. Se ha quitado lo que no tiene rendimiento económico inmediato.
  4. Los alumnos de ahora son más frágiles porque no han sido expuesto a la exigencia y a la frustración.
  5. La palabra excelencia no políticamente correcta porque está reñida con el igualitarismo.
  6. Si los niños siempre tienen actividades, no tienen tiempo para descubrir por sí mismo qué es lo que les gusta. Necesitan un ritmo de vida tranquilo y tiempo para pensar y vivir.
  7. Los niños deben tener un tiempo para reflexionar, para soñar, para imaginar, para dar un paseo, paratener lo que en las novelas y las películas norteamericanas llaman -tiempo personal-.
  8. Las huelgas de los deberes son una tontería. Esos padres no entiendes cómo funciona la educación.
  9. Los maestros (de Primaria) deberían tener menos asignaturas y más especialización, y les debería gustar la materia.
  10. No mejoraremos los resultados en PISA si no ponemos a personas muy inteligentes como maestros de Primaria.
  11. Se les dan tareas que son más propias de un psicólogo que de un profesor y se pide que las hagan al mismo tiempo que enseñan.
  12. Para aprender necesitas haber aprendido ya, es lo que se llama la paradoja de la educación. Necesitas un vocabulario y conocimiento previos para ir añadiendo cosas. Pero ahora no se reconoce el papel decisivo de la formación. Se piensa que toda disciplina es reaccionaria.
  13. Si no hay disciplina, no se puede estudiar. Se pierde el tiempo, nadie logra concentrarse y la escuela se rebaja al papel de la guardería.
  14. La OCDE dice que un alumno universitario español tiene el mismo nivel que un bachiller de Holanda o de Japón.
  15. Con las nuevas tecnologías hemos caído en la tentación del infinito.

No lo olvides

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Estoy escuchando -Siempre Así-.

Me emociono.

Me recuerda a ti.

Te echo de menos.

Me cuesta decírtelo.

Estoy raro cuando no estás cerca de mí.

No me comporto como me debo comportar.

Cuando estás lejos, pierdo mi esencia, mi verdad.

Por eso sé que eres mi mujer.

Me  llevas a mi camino, me reconduces, gracias.

Cuando vuelvas, querré irme de la senda pero estos momentos de -saudade- debo grabarlos para no olvidar lo único importante.

Te quiero.

La evolución de la -inculturación-

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El hombre, como ser finito y limitado, en su búsqueda incansable de la verdad, necesita dos variables que son dos caras de la misma moneda: conocimiento y tiempo.

Nos ceñimos siempre a la primera pero olvidamos la segunda.

El estudio, la investigación, el conocimiento, el diálogo intelectual nos acerca a nuestra verdad, nos ensancha el horizonte experiencial, gustando así del sentido de la vida.

Como seres finitos necesitamos del tiempo, de la misma forma que la experiencia a lo largo de la vida en una persona, le lleva a coger perspectiva y tener una erudición que sólo se adquiere con el transcurrir de los años, nosotros, como humanidad, necesitamos el paso de los siglos, el -poso- de los sabios, el consejo de generaciones para asumir, madurar las grandes cuestiones de la humanidad.

Esta evolución del pensamiento con el pasar de los siglos no implica, pensamiento fácil, adopción de modas y -veletismo- intelectual, si tras ello hay una coherencia reflexiva, el más sabio de los ancianos, antesala de la eternidad (el tiempo), nos está indicando que debemos dar un paso y abandonar rigorismos del pasado a los que nos aferramos por falta de argumentos.

Veraneo y liderazgo

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“El infierno debe ser unas vacaciones perpetuas”, esta afirmación de Shaw choca con la ansiedad por abrazar esos cuatro o cinco días de vacaciones que empresarios desesperados anhelan estos días.

El lunes, uno de ellos, reprimiendo las lágrimas, me decía, “todo el año trabajando, dejándome la piel, para que no me pueda ir 5 días a la playa”.

¿Si los otros 360 días no has vivido, no han tenido sentido, si todo tu quehacer estaba enfocado a irte 5 días a la playa? El fin con el que hacemos las cosas no es importante, es vital. Disfrutar con el día a día, lo ordinario, el recorrido y no sólo la meta.

La “burbuja” de liderazgo en nuestra sociedad es porque estamos ávidos de referentes, desnortados, cualquier novedad se convierta en moda, el viento diario guía nuestra brújula, creímos que los referentes nos esclavizaban y así llevamos ochenta años dando bandazos, cuando todo está escrito.

a) Somos la generación de los “sin nombre”, cada año nos cambian el nombre (X, Y, Z, millennial), fluctuamos continuamente.

b) Somos la generación que mejor ha vivido sobre la faz del mundo pero tenemos la sensación contraria, nuestra palabra más manida es CRISIS.

c) Suicidios, antidepresivos… El único liderazgo es aquél que nos devuelva la plenitud de vida, el que responde a los para qués.

d) Nuestro mundo es impredecible, la teoría del KO resulta aquí una formula perfecta, como diría el profesor Urarte la “simultaneidad de dispares” nos gobierna. Ya no existen puntos medios.

El paletismo hispano

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Causó furor. El discurso mediocre, diciendo las típicas obviedades, los tópicos manidos hizo que un sector de la España “paleta” le dijera a la otra España “paleta” qué machotes que somos: ¿cuál de las dos es más borrega?

Intuyo que el apocalipsis será menos vomitivo.

España tiene 8 Premios Nobel, lejos de los 254 de USA. Por cierto, Sr. Henríquez, no tenemos ninguno en Matemáticas, además de que este premio no existe, sólo tenemos 2 en Medicina.

Muy bien, con lo del invento de la fregona y el chupa-chups pero ya está bien de reírse de nosotros, USA también tiene el récord con la solicitud de 57.000 patentes según el último informe de la OBS.

Si le parece, no vamos a ser la cuarta potencia económica europea cuando hace 10 años fuimos la octava mundial.

Sólo le falta al ínclito Henríquez mencionar a Blas de Lezo, el jamón de jabugo y las hazañas de Rafael Nadal.

Llevo años diciéndolo, no nos ahogamos en nuestra inmundicia intelectual porque el mundo es espiritualmente analfabeto.

 

Llámame Peter Pan

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Ya es pasado. Ya no volverá. A mediodía terminó.

14 años de docencia, 2440 días lectivos, casi 3.000 alumnos, 1.400 tutorías con padres. Datos oficiales, los oficiosos no existen.

Esta mañana, la última mañana me marcó –como siempre- lo que estaba “fuera de la caja”. Los pequeños detalles, los de Natalia Ginzburg, Ordine y Azorín en “Castilla”.

Mientras todo el colegio brindábamos el merecido homenaje a una profesora que se jubilaba, más de 40 años de profesión, cientos de personas aplaudiendo, me giré y allí estaba él, la persona que todas las mañanas, a la misma hora, durante este curso, barría de forma impávida, hiciera frío o calor, mientras desayunaba, cerca del colegio, poco antes de las 8 de la mañana.

Con aires de Michel Ende en “Momo”, empecé a cruzar palabras con este personaje anónimo en el transcurso de los meses, desde los buenos días , al tiempo, el fútbol…

La mayoría de los días me lo encontraba cantando, con una sonrisa.

Esta mañana pensaba, nosotros los profesores, recibimos aplausos, regalos por el fin de curso o cuando cerramos una etapa, y a esta persona ¿quién le aplauda, quién le da las gracias por su trabajao diario, callado, alegre y abnegado?

Después de los homenajes, vinieron las despedidas: ese alumno que lucha para que su madre le vuelva a ver, esa alumna que no paraba de llorar porque vuelve a su país y sabe que no hay billete de vuelta, la madre que perdió ayer a su padre y no pudo acudir al funeral, el alumno que ha empezado en el mundo de las drogas, el otro que llora porque –dice- que su única casa es el colegio.

Todavía oigo los aplausos y te veo barriendo a las afueras del cole, o quizás quiero que siga ocurriendo. Llámame Peter Pan.

“Lo echaron a suertes”

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Siempre tuve claro antes las elecciones:  “en las bifurcaciones vitales de la vida tomad el camino menos atractivo, normalmente éste viene marcado por la cabeza y no por el corazón. Al principio no entenderéis la decisión pero pasados los meses, más bien años, la vida os demostrará porqué mereció la pena esa elección”.

 

Hace poco, el gran Milan Kundera me amplió el horizonte y me sacó de mi zona de confort: “El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararla  con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores (…)

Por eso la vida parece un boceto. Pero ni siquiera boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada un borrador sin cuadro”.

Ahí seguiremos, continuaremos en la búsqueda.

En un Jueves Santo

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Continúo con mi costumbre de escribir un artículo en Semana Santa.

Divagaba en clase sobre los años clave de la adolescencia. Las heridas afectivas que podemos arrastrar cuando nos alejamos paulatinamente de nuestros padres a esta edad. Les explicaba que los padres siempre están ahí, que no nos vayamos de su “calor” gratuitamente por la rebelión de la edad.

Hubo muchas preguntas. Levantaste la mano cuando ya había terminado la clase: “¿qué pasa si ya no me hablo con mi madre porque no está?”… “Lo siento… Hablamos en otro momento, si te parece”.

Pasaron dos días, era el último día antes de vacaciones. “Lo siento de veras, no sabía que tu madre había fallecido”. “No, ella no quiere volver a verme y no sé por qué“.

Independientemente de cómo transcurra esta tragedia, las realidades de mis alumnos han hecho que cambie como persona y que la mayoría de lo que nos rodea lo vea futil y absurdo.

Ahora todos pendientes del 28 abril y cinco jovenuzelos, cuando ya afirmó Ortega Y gasset, que “ser de derechas o izquierdas es una de las formas que tiene el ser humano de ser estúpido”.

Se quema NotreDame y todos colgando fotos de la Catedral cuando el 99% no sabe su historia ni sus siglos de creación. ¿Y los mil millones recaudados? La FAO calculó que con 30 mil anuales acabaría el hambre en el mundo.

En todos los sitios cuecen habas, y luego tenemos los que arremeten al pobre Papa Francisco, harto de oír a sacerdotes ultramontanos que no han visto la entrevista de Évole porque no les acerca a Dios. Si hubiera sido alguno de los dos Papas anteriores, aún estarían de rodillas.

Querida alumna, éste es un mundo analfabeto, falso y esquizofrénico pero te prometo que la situación con tu madre se puede arreglar.

Unas flores

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Llevaba tiempo queriendo dártelas, madre. Es un detalle insignificante. Una chorrada. Llevaba días acordándome de los sinsabores que algunas de mis decisiones vitales te habían acarreado disgustos que arrebatan años. No había un porqué ni un aniversario que lo incitara.

Mi bohemia sempiterna estaba haciendo de las suyas. Decidí no esperar a tu cumpleaños y llamé a la primera floristería del pueblo que apareció en -google-. Encargué un ramo de flores generoso.

A las dos horas me llamaste, no sabías qué pasabas, muchas veces le digo a mis alumnos que digamos y hagamos lo importante antes que lo urgente.

A los cinco minutos me llama el encargado de tienda con el que hablé a primera hora.

-¿No te acuerdas de mí?… No. Soy Pedro (nombre ficticio)… La conversación siguió…

Pedro tiene 4 años más que yo. Estaba en nuestra pandilla del pueblo, jugaba aquellos partidos de fútbol interminables cuando no había videoconsolas ni fortnite ni instagram. Ya en el instituto, dejó los estudios para acompañar a su padre en el mercado. Por entonces, lo pasó muy mal con la prematura muerte de su hermana. Recuerdo que yendo a la universidad, pasaba por su puesto de flores, siempre tenía una conversación amable, su sonrisa permanecía intacta: supe que tenía problemas con su mujer.

Seguimos nuestra conversación por whatsapp, me preguntó al final, ¿tú cómo estás entonces?. Iba a contestar con mi genérico tono victimista: “tirando” o no me puedo quejar, pero no sé por qué dije que bien. Él, contestó: “me alegro, yo también bien, aunque algo liado porque mi padre falleció hace 10 días y estamos con el papeleo de la floristería”.

Siempre me quedaré con el optimismo vital de Pedro.

La ceguera de la ciénaga

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En ocasiones se nos llena la boca con la mediocridad de nuestra juventud. Esta semana me han vuelto a sorprender mis alumnos. El lunes una alumna de 15 años me preguntó si le recomendaba -Padre rico, padre pobre- de Kiyosaki. Ayer uno de 13 años nos deleitó en clase haciendo un repaso de la mitología nórdica. El plato fuerte llegó en el recreo de hoy. Observo a lo lejos un alumno meditabundo, 16 años, perdido en su lectura. Me acerco, lee absorto -Dublineses- de Joyce. No doy crédito. Además lo hace en inglés. Después me espeta, sorprendido ante mi cara: “¿si no pensamos, quiénes somos?” Quizás la ciénaga que nos rodea nos impide ver el brillo de lo ordinario.