La ceguera de la ciénaga

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En ocasiones se nos llena la boca con la mediocridad de nuestra juventud. Esta semana me han vuelto a sorprender mis alumnos. El lunes una alumna de 15 años me preguntó si le recomendaba -Padre rico, padre pobre- de Kiyosaki. Ayer uno de 13 años nos deleitó en clase haciendo un repaso de la mitología nórdica. El plato fuerte llegó en el recreo de hoy. Observo a lo lejos un alumno meditabundo, 16 años, perdido en su lectura. Me acerco, lee absorto -Dublineses- de Joyce. No doy crédito. Además lo hace en inglés. Después me espeta, sorprendido ante mi cara: “¿si no pensamos, quiénes somos?” Quizás la ciénaga que nos rodea nos impide ver el brillo de lo ordinario.

Niebla

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Conducir con niebla es peligroso. No porqué no sepas el rumbo, sino porque la sensación de peligro es inminente, el choque te acaricia a cada instante. La solución es sencilla. Aparca y espera.

El problema llega cuando esa niebla que no te deja ver más allá de 30 cm. te inunda en tu quehacer vital . Porque si en la carretera podías pararte y esperar, en tu vida no puedes parar: ése sería el final. No hay nada para quitar la niebla, los antinieblas clásicos no hacen sino intensificarla: hablar, salir, quedar con amigos, hacer deporte… nada la disipa.

La sensación de angustia se intensifica por momentos. Lo que menos te importa es el golpe, cuando no ves: lo que te rodea es accesorio. No hay respuestas ni consejos válidos y el silencio atronador atormenta.

Asesinos afectivos

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Cuando ocurre una tragedia que escapa a lo racional, los periodistas intentan contextualizar o minimizar lo sucedido escarbando en la infancia del asesino, cada vez hay más psiquiatras que se alejan de la teoría orteguiana del “yo soy yo y mis circunstancias”, afirmando sin tapujos que “el mal existe”, alejándose del -buenismo- de algunos medios.

La serie “Mindhunter” nos presentó este dilema sobre alguno de los asesinos en serie más salvajes de la historia de Estados Unidos.

Tengo comprobado que cada 5-6 años me topo con un ser misterioso, que me lleva a -los abismos de vileza humana- más sórdidos. Por muy herida que esté la afectividad de una persona, haylas que siguen mordiendo, golpeando, incluso matando con su actitud, palabras. Pasan los meses, los años y siguen. No cesan. Retorcidas. Esquivas.

En mi juventud entraba a la batalla. Hoy, contemplo con palomitas el dantesco espectáculo, intentando comprender algún día el porqué de tanto odio envenenado. Sólo el gran Dostoievsky me ha dado una respuesta aproximada: pregúntenselo a Raskolnikov.

Siempre nos quedará noviembre

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Siempre lo dije, noviembre es mi mes predilecto.

Noviembre despeja todas las dudas, en noviembre nos mostramos tal cual somos, no hay máscaras que mostrar, ni nostalgias que nos sostengan, el verano desapareció, el invierno se incoa, y del mismo modo que los árboles de mudan de piel, nosotros -los humanos- nos tornamos inermes.

Con nuestras heridas arrastradas, las cicatrices se hacen más palpables y en esta travesía de 30 días afloran las grandes cuestiones que a lo largo de las cuatro estaciones hemos ido postergando.

Las bifurcaciones se presentan con la misma frecuencia que el marchitar de la hoja caduca, la fragilidad nos amedrenta. Es un mes para empezar o para acabar. Es un mes para ordenar. Me encanta noviembre.

Luego vendrá el colorido y los alumbrados navideños, más tarde las rebajas, y después carnaval, a continuación Semana Santa, para continuar con el azahar de mayo, vislumbrando ya los primeros baños del verano… Entre tanto ruido, sólo el silencio y la pausa de noviembre aquietan nuestras frenéticas vidas.

Dicotomías reduccionistas

 

 

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He comenzado la obra póstuma de Hawking “Breves respuestas a las grandes preguntas”. Libro interesante, sin duda.

No soy quién para refutar al profesor de Cambridge pero hay algo que vengo manteniendo los últimos meses y que ya hice tras leer el último libro de Yuval Harari.

Del mismo modo que es una necedad reducir que antes del big-bang presuponemos la nada, porque lo opuesto a la nada es algo, que es que lo entendemos por la creación. Esto resulta de nuestra finitud, creamos parámetros inteligibles que nosotros seres con una inteligencia limitada y mediocre utilizamos para entendernos, pero que ni mucho menos lo creado por nuestro lenguaje equivale a lo real. No todo se reduce a la nada o a algo (o al todo, como plenitud de algo).

Del mismo modo, reducir una de las grandes cuestiones de la humanidad a si hay vida inteligente o no fuera de nuestro planeta es otra nimiedad léxica que utilizamos en un lenguaje coloquial, pero que -de nuevo- presumiblemente estará muy alejado de lo real.

El sí/no, todo/nada, blanco/negro, izquierda/derecha, bueno/malo metaforiza el analfatebismo contemporáneo de nuestra sociedad, aniquilida intelectualmente, esterilizada espiritualmente.

Una foto con Errejón

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Esta mañana hacía la compra con mi familia en Mercadona.

Vi a Íñigo Errejón en la cola del cajero, me acerqué, intercambiamos unas palabras, me hice una foto y las subí a mis RRSS. Como de costumbre, hasta aquí todo normal. Cierto que tuve una cierta intención sociológica.

Desde esta mañana, todo ha sido un hervidero:

  1. desde wssap que me decían –que por qué me había hecho rojo-
  2.  mensajes privados a Facebook recomendándome quitar la foto
  3. el mensaje del que lee el Evangelio a diario, que pertenece a un movimiento sospechoso de “pederastia espiritual” que decía –dime con quién andas…- (¿Lo mismo dirá de Jesucristo en las escenas de los publicanos y prostitutas?
  4. Descalificativos gratuitos
  5. Canibalismo verbal en general.

 

Hace unos días, cuando Fermín Urbiola tuvo que intervenir el 12 de octubre y retirar a Pedro Sánchez y señora del besamanos, escribiría días después:

“ Estoy muy disgustado por los comentarios que han provocado mi fotografía con el presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez. Y no estoy triste por los comentarios realizados hacia mi persona si no porque esos comentarios evidencian lo radicalizados que estamos hoy en España. ¡Volvamos a los valores de la transición! donde dialogaban, y se fotografiaban sonrientes, personas con ideologías radicalmente distintas. Y, precisamente, gracias a ello se formaron las bases para lograr el periodo más largo, de más concordia, libertad y prosperidad, en la historia de España”.

El odio que se vierten desde las “dos Españas” es visceral, cruel y amargo. Hablan de un ambiente previo a la Guerra, similar al de Asturias del 34, espero que no sea así.

Acabo con Aristóteles, lo dejó casi todo sentenciado: “sólo una mente educada (leída) puede entender un pensamiento diferente al suyo sin necesidad de aceptarlo”.

El siglo XXI extinguirá los dualismos

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Históricamente, no por reduccionismo, sino por resultado de la experiencia vivida hasta ahora, nuestra realidad ha venido marca por grandes dualismos, antagonismos, que hoy se resquebrajan, Su alternancia parece llegar a su fin y más que buscar un nuevo compañero de viaje, necesitamos una nueva –manera de hacer-, una nueva comprehensión, que quizás venga marcada por una armonía de realidades que siempre nos habían parecido dicotómicas, pero que no son excluyentes, más bien conforman una nueva visión, una nueva manera de ser.

Estamos hablando de infinidad de parejas: occidente/oriente, fe/razón, norte/sur, pobre/rico, inteligencia natural-artificial, pobre/rico…

El problema de nuestra época no es de crisis sino de ser, tenemos que –resetear- nuestra forma de ser, nuestra constitución interna de afrontar el mundo. Esto nos llevará siglos.

Si sólo vemos dos dimensiones cuando en realidad hay siete, qué pasará alrededor cuándo intentamos comprender el infinito en parejas: la complejidad de nuestro mundo es eterna desde siempre, nosotros empezamos a enterarnos…

El siglo XXI extinguirá los dualismos.