Una década

Mdrd

Tal día como hoy de hace 10 años tuve en Madrid mi primera entrevista para reiniciar mi nueva vida personal y profesional. Fue en una universidad privada, en ese viaje decisoria me acompañaron mis hermanos Salva y Gádor, mis padres y mi hermano Alvarito apoyaban desde casa.

Hace 3.650 días comenzó, a priori, la segunda parte de mi vida. A este ritmo, no sé si mi vida tendrá las partes de un partido de fútbol o de baloncesto.

Sólo sé que Dios está jugando al escondite, como ausente, con cierta analogía a la cuarta vía de Santo Tomás, totalmente opuesto a los que se etiquetan hoy de católicos. El Jesucristo del Evangelio es lo opuesto, ésa ha sido una de las claves en esta transición vital e intelectual.

Aquél verano del 10 escribí lo siguiente, lo retomo de mi antiguo blog: “en estos días de verano he redescubierto las –pequeñas virtudes- de Natalia Ginzburg-: esos pequeños grandes momentos, que los más vulgares sólo apreciamos en tiempos de mutismo exterior, de posesión pacífica de calma.

Alguna vez ya hemos aludido a que una forma común de apreciar la vida es la de coleccionar momentos, no aplaudo o refuto esta propuesta vital, me parece lícita y compatible con otras claro.

No sólo son para el verano las bicicletas, sino también el pasar más tiempo con aquellos familiares que llevabas tiempo sin ver, con los más cercanos, con tus amigos. El verano es una buena época para embobarse con las puestas de sol, para desempolvar tu cometa juvenil, para pasaer por la playa al amanecer, para bucear, para descubrir nuevas aficiones, para viajar al lugar que llevabas esperando tantos años, para perderse en la calma estival, practicar nuevos deportes, ponerse al día con los grandes clásicos del cine y la literatura, para contemplar las estrellas en una noche despejada, para hacer la compra sin mirar el reloj, para no contar los días que quedan para el fin de semana.

Así se oxigena un espíritu, así se ordena una vida…”

En estos 3.650 días he viajado por todo el mundo, he conocido a personas de toda índole, he vivido sucesos inverosímiles, la realidad superaba a la ficción con demasiada frecuencia, he disfrutado hasta el extremo del don de la docencia, he entendido que la amistad es el plato fuerte de la vida, he visto la muerte cara a cara, he teorizado y puesto en práctica múltiples teorías del amor, entendiendo que aquello que estudié al comenzar la mayoría de edad, “el amor es un acto de la voluntad”, no es algo medieval sino que te lleva al -media virtus-. Pero sobre todo he sido padre.

Me quedo con soplar dientes de león con mi hija, jugar con plastilina, los cuentos para dormirle, jugar al fútbol, contarnos secretos, mirar aviones, buscar piñas, jugar al escondite, pintar casitas, ver “Patrulla Canina”, reírnos juntos, dormir a sus bebés, hacer puzzles, dar de comer a los patos y sobre todo, ver que después de 70 días sin ti, estás junto a mí.

El coronavirus cierra un ciclo de con las vivencias incoadas hace una década. Yo sí creo en el eterno retorno.

2 comentarios sobre “Una década

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