Reescribir la historia

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Nada es firme.

Todo se desvanece.

Esquemas políticos, estructuras sociológicas, creencias consolidadas, todo va cayendo… La entrada del S. XXI ha sido la irrupción del otoño en un bosque con árboles de hojas caducas.

Los cimientos que nos sostenían se resquebrajan. No hay que buscar nuevos ni crear artificios perecederos.

Debemos encontrar, formar, cuidar y preservar por generaciones los lazos invisibles que nos unen, esas voces eternas que como aldabonazos nos marcan el camino, llamémosle: derechos humanos, ley natural o sentido común.

Pero sin un comienzo no hay camino, o mejor dicho, no hay meta deseada.

El siglo XXI debe ser un “parón” en la historia para volver a escribir nuestro destino.

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El don de la docencia

Paro nacional de Profesores

Hoy finalizan los alumnos de 2º Bachiller su andadura este curso. Algunos irán a la prueba previa de acceso a la universidad, otros necesitarán una segunda oportunidad. Antes o después ya no estarán en estas aulas.

Todos los años, cuando las clases finalizan resuena en mi interior aquel poema de Machado:

 

Una tarde parda y fría 
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales (…)

Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.

 

Esta imagen tiene cierta semejanza al pasaje de “Las nubes” de Azorín en Castilla o el agua del río en Nietzsche. En el fondo, los profesores, como las nubes o el agua, estamos en un eterno retorno: lo que nos rodea cambia con el paso de tiempo pero nosotros permanecemos impertérritos –parece- al paso de éste, pero por dentro también nos mudamos.

Tengo el ejemplo inefable de mi madre, profesora de matemáticas de instituto durante más de tres décadas. Cuando le preguntaba si no se cansaba de explicar siempre lo mismo, me contestaba que nunca era lo mismo porque sus alumnos, diferentes cada curso, necesitaban nuevas maneras de aprendizaje.

Hoy, al despedir a esta nueva promoción, me voy con el pensamiento de que los profesores, como los elementos de la naturaleza, tenemos un don para mecer el paso del tiempo, espero no desperdiciarlo.

Hoy sí hablo de fútbol

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Dejo estas entradas para reflexiones de índole pedagógico, antropológico a lo sumo.

Otros hobbys como sociología cristina y fútbol los trato en blogs-foros dedicados a sendos temas.

Hoy quiero hacer una excepción. Como dijo K. Keegan: “el asunto más difícil es encontrar algo para reemplazar al fútbol, porque no hay nada”.

Simplemente reseñar lo histórico que alcanzó ayer el Real Madrid. Olvidándome de las connotaciones sociopolíticas que alcanza cualquier éxito deportivo del Madrid o Barcelona hoy día… llegar a cuatro finales de las últimas 5 y la posibilidad de conquistar 3 seguidas, le sitúa entre los 5 mejores clubes de la historia, amén de la Brasil de Pelé (ganó Mundiales del 58, 62 y 70):

  1. Madrid de las 5 Copas de Europa (55-60)
  2. Ajax de J. Cruyff. 3 Copas de Europa consecutivas (71,72,73).
  3. Milán de Arrigo Sacchi y los holandeses, último club en ganar 2 Copas de Europa consecutivas (89,90).
  4. Barcelona de Guardiola, desplegó un fútbol que marcó época, ganó 2 Copas de Europa pero no consecutivas (09,11).
  5. Madrid de Zidane, Ramos y Cristiano Ronaldo (14,16, 17 y 18?).

¡Desespecialízate!

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El libro “Focus” de  Goleman hacía hincapié en la necesidad de especializarse en una temática, en un mundo donde en un solo día se genera más información de la que produjo toda la humanidad hasta el descubrimiento de la imprenta.

Entiendo la postura de Goleman y los peligros de la infoxicación. También es de sobra conocida la teoría de las “10.000 horas”, las necesarias –presuntamente- para dominar una materia.

Pues bien, me quedo con dos ejemplos metafóricos como siempre y metonímicos en esta ocasión: el Amazonas y Amazon.

En el Amazonas hay más de 14.000 especies de plantas, un botánico que viviese en el Amazonas y sólo se dedicase al estudia de una de ellas, es decir al 0,000071% de las posibilidades que hay a su alrededor estaríamos amputando su vocación personal y profesional, limitando su curiosidad.

En Amazon hay más de mil millones de productos, si tuviésemos 24 horas para elegir, ¿nos centraríamos sólo en el primero que saliese al azar?

Si contabilizamos las aficiones más básicos somos conscientes de la utopía de dominar una materia. Se publican 80.000 libros al día en el mundo, los mismos que en España al año… Kinépolis estrena más de 500 películas anuales. Y en cuanto al fútbol: hay 380 partidos de Liga por temporada, y ésta es sólo una de las 6 competiciones oficiales, sin contar partidos de selecciones ni ligas extranjeras.

La especialidad fue coetánea a los gremios de los trabajadores. Hoy día, usemos anglicismos o no, el mundo – el profesional también- es otro: knowmdas, catalizadores, aprendizaje continuo…

La única especialidad que no es ciega es la del mundo biomédico que a la postre, con sus patentes, salva millones de vidas.

La especialidad ciega el mundo complejo que nos rodea. Especialízate en tu trabajo, sé el mejor pero ten una visión poliédrica del mundo cambiante, si no, no estarás en él.

 

 

Conocimientos pasajeros y eternos

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Es inherente al ser humano bajar a los abismos de lo ignoto para vencerlos y volar con la libertad del conocimiento.
Cada nuevo descubrimiento lleva parejo una serie de regiones desconocidas. El desconocimiento es infinito como lo es el Universo. Es plausible, lícito y honrado admitir que nunca vamos a conocer todo, porque en el momento que lo conociéramos todo perderíamos nuestra esencia de seres limitados.
La Creación no es más que una metáfora de los que no queda por descifrar. La propia inflación cósmica (el universo se expande a 7km/s) nos sugiere que estamos ante algo que se nos escapa de nuestras posibilidades. Con nuestros 80 años de vidas, nuestros 60.000 pensamientos diarios tenemos una aventura inigualable, como ya destacaron los clásicos: “la aventura del saber”.
Desde joven me atrajo la relación entre fe y razón, después la sociología, recientemente el transhumanismo y la teoría general de sistemas… A continuación, quiero centrarme en un vehículo transversal de todo conocimiento: las humanidades.
Las humanidades se caracterizan por ser clásicas, imperecederas: no hace “mella” en ellas el paso del tiempo. En cambio, las ciencias están en continua evolución, su verdad es relativa, algo demostrado por el insigne Karl Popper y su majestuosa teoría del falsacionismo. Baste recordar las múltiples teorías del átomo o del funcionamiento del universo a lo largo del Siglo XX.
Aunar la “teoría de la relatividad” y la “mecánica cuántica” es la –piedra filosofal- que pretenden múltiples científicos, liderados por Hawkings, para desmontar las contradicciones que hay entre ambas corrientes.
Desde la Revolución Industrial hay una lucha incesante por desterrar el campo del espíritu, del alma, de los sentimientos. Somos “robots”, fríos, a los que sólo importa el resultado, la experimentalización de la ciencia en los últimos 150 años es sólo una característica más del mundo desnortado en el que nos encontramos.

En mi país, se habla mucho de libertades, de la mejor época contemporánea pero de media tenemos: 10 suicidios al día, 1 de cada 4 personas pasa hambre, más del 70% de las parejas se separan, hay un 50% de paro entre la juventud…
Las ciencias ayudan a comprender mejor el mundo pero necesitamos saber antes quiénes somos. La ciencia nos muestra el marco pero no el cuadro. Las ciencias necesitan de las humanidades para hacerse preguntan que son y serán eternas, las dos no sólo no son incompatibles sino que se necesitan entre sí para seguir avanzando en el mundo del conocimiento.
Como señala Wilson en su libro “The meaning of Human Existence”, si un extraterrestre llegase a la tierra, ¿qué es lo que realmente tendrías que aprender de la raza humana? Llega a la conclusión, después de una reflexión, que no sería el último invento tecnológico, ni la potencia del nuevo modelo de avión o coche. Lo que podría aprender es lo que nos distingue como hombres: la historia, nuestra lengua, nuestra cultura, costumbres y nuestra forma de entender el mundo (ética).
Juntos el camino hacia la verdad es más fácil, por separado: imposible.

 

De colores

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Cuando las circunstancias vitales te sonríen, cuando hay música de fondo, cuando todos señalan los arcoíris diarios pero…

Tú, tras numerosas revisiones oftalmológicas, y aún llevando gafas, sólo ves en -blanco y negro- temo decirte querido amigo que no hay solución: sólo aceptar tu patología.

Me dijiste que te conformas con recordar el azul añil celeste que un día soñaste. Te pregunté cómo conoces el añil si nunca lo has visto y me diste una respuesta que nunca he olvidado.

“Los sueños los creó Dios para que los ciegos vean, los sordos oigan, los mudos hablen y los enfermos del alma veamos los colores de la vida”.

Héroes de nuestra intrahistoria

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Este año les he vuelto a explicar a mis alumnos de 2º Bachiller la importancia de “Castilla” de Azorín y sus héroes anónimos a través de la –intrahistoria-, la importancia de lo ordinario.
El jueves conocí a una de ellas. Sevilla, mediodía, más de 30 grados.
Mi mujer en Mercadona, yo paseo a mi hija mientras se queda dormida.

Aparece a lo lejos una señora mayor con un carricoche, el niño llora desesperadamente, le ofrezco ayuda… Se sienta, le da un biberón y lo duerme mientras le canta con una voz desgarrada algo mágico. Le pregunté si eran sevillanas, me dijo que eran nanas. Me acordé de las de Miguel Hernández y sus –Nanas de la Cebolla-. Momento sublime.

Cuando su nieto estaba ya calmado, le pregunto por una deformación visible que tenía el niño en la oreja, se emociona y me habla del cáncer de su madre (su hija) que ahora está en el médico, el pronóstico no es bueno. Los médicos le recomendaron abortar, ya estaba enferma cuando se quedó embarazada, pero ella quiso seguir adelante.
Y llegó mi mujer y me tuve que ir. Allí se quedó María, heroína anónima, como tantas que no conocemos, que sacan adelante nuestro país y nunca saldrán en televisión.