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Chapoteando en lo extraordinario

He dejado de chapotear en lo extraordinario. Las circunstancias me han desplazado a una situación forzosa de quietud externa e interna, algo doloroso para mi idiosincrasia temperamental. A lo largo de estos meses en lecturas y conversaciones descubres que la próxima generación apenas existirá el concepto de matrimonio o relación estable, teorías o explicaciones del porqué hay cientos, esta aproximación del filósofo José Carlos Ruiz me parece muy acertada:

“El amor se percibe como una pérdida más que como una carencia. Antes el amor consistía en que te faltaba algo y tu vida estaba incompleta sin él, pero ahora se percibe como una pérdida, si lo encuentras bien y si no, no pasa nada. Además hemos trasladado la ilusión del enamoramiento de una persona a otras cosas: al ocio, al trabajo… Yo hablo de cómo vivimos las relaciones de pareja desde la dispersión en lugar del recogimiento. Vivimos cada vez de manera más extrovertida, que es algo que potencia el sistema porque es rentable: sales y entras, te focalizas en actividades pero no en tu pareja. Y cuando se acaba la extroversión, porque te confinan, el índices de divorcios se dispara, como ha ocurrido. Porque el recogimiento y la tranquilidad formaban parte de la relación amorosa y ahora parece que la repetición del hábito es algo limitativo, que frena el desarrollo. Quizá lo que más ha cambiado es la concepción hedonista del amor: se enfoca la conexión con el otro desde el principio del placer, y si no encaja en el principio del placer paso al siguiente, a otra manera de acoplamiento”

Bayesianismo

Estamos hastiados del Covid. Los muertos jamás volverán.

Esta pandemia está introduciendo una especie de hartazgo sistémico colectivo corrosivo peligroso. Una depresión colectiva nos atenaza, poco podemos hacer. Escapar con la imaginación es una opción: -peter pan- es perecedero como sabemos. Planear a futuro ya no llena.

La otra opción es el alimento espiritual, la lectura es la vuelta a la esencia. Y aunque esta sociedad no nos tiene configurados para la vida reflexiva, tenemos que -hacernos violencia- y acostumbrarnos a la vida silenciosa e introspectiva.

Fruto de ello veremos que todas las proposiciones y moda de los últimos 50 años carecen de sentido, ya no por razonamientos científicos o demostraciones sino por la amargura de la propia experiencia.

El otro día leyendo a uno de los pocos pedagogos que va contra corriente, Gregorio Luri, al igual que Alberto Royo e Inger Enkvist, alertaba del bayesianismo que intentaba en un congreso de 2015 revertir -la teoría de falsación- de Karl Popper, de este mundo me lo espero todo.

Decían dichos ilustres: “si una teoría es suficientemente elegante y tiene capacidad explicativa, no necesita ser contrastada de forma experimental”. Es una vuelta de tuerca al subjetivismo y a mi verdad por encima de -la verdad-.

¿Varios covid sacarán del mátrix que nos hemos inventado (por analfabetismo o inmadurez)?

La década prodigiosa

De los 3 a los 12 años es la época dorada en la formación de la voluntad. El 90 % en la formación de la voluntad de la persona se configura en esta década, años para fomentar no sólo la lectura como siempre se hace hincapié sino para cultivar aficiones, hobbys que de integrarse en el quehacer diario, el niño hoy, hombre mañana, adquirirá una sensibilidad de espíritu que le diferenciará en una sociedad que desprecia a quien contempla y respeta el silencio, algunas propuestas para que padres y profesores fomenten:

  • música clásica
  • dibujo
  • cálculo mental
  • escribir
  • cosmología.

No respondas

Me dijiste que tenía -coraza encubierta-.

Era una época de incertidumbre plácida: estaba con una quietud que temía confesar, experiencia amarga de ocasiones pretéritas en que, al mínimo júbilo de dicho éxito todo se desvanecía.

Algunas preguntas sólo esconden la necesidad de contestar a estímulos de saciar una expectativa juvenil, pseudoadolescente, después de ello no queda nada, sólo un recuerdo efímero.

Por ello, ante algunas preguntas, lo coherente es no formulárselas y si ya lo has hecho, la mejor y única respuesta es omitirla: atrapa el silencio porque “el mayor grito es un silencio forzado”.

Música que mece un diente de león

Esta mañana me han intervenido quirúrjicamente, con éxito, colocándome un catáter doble jota.

Llevaba cerca de una semana acudiendo a urgencias para que me tratasen los dolores de un nuevo cólico nefrítico.

Una de esas noches, la del jueves, presenciamos como una señora mayor agonizaba a pocos metros, el silencio y las miradas de esa noche jamás las olvidaré.

Al hilo de lo vivido estos días, ha resurgido aquel sentimiento, que aflora en ocasiones como ésta, que nos creemos abanderados de un cambio de época y no somos más que dientes de león guiados por soplos, a veces atronadores, de viento.La cuestión es si tras ese viento hay ruido o música.

“Mochilas” historiográficas

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Es bien sabido  que todos arrastramos una mochila que nos configura el carácter, nos hace -ser quienes somos-. Sólo en el pasado se entiende el presente, aquéllo de no “juzgues a nadie porque no conoces su realidad”, o “ponerse en los zapatos” de alguien.

Esta realidad también se comprueba en las naciones o realidades históricas. Con el paso de los años, vas comprobando, siempre por aproximación y enjuiciando, negando la anterior, ciertos complejos que arrastran “pueblos o naciones” con el devenir de los años.

Es bien sabido, la peculiaridad inglesa que siempre han querido hacerse distinguir, desde las medidas métricas hasta su propio sistema de conducir. Su esperpéntica salida de la Unión Europea no responde sino al complejo que arrastran desde que perdieron la “Guerra de los 100 Años”, una nación herida desde hace seis siglos.

En España estamos cansados de la política catalana, está más que explicado y demostrado, la paranoia llega hasta límites insospechados, de hecho, hasta “Colón es catalán” y “el castellano es la lengua de las bestias”. Interesante la fecha de 1714, añadido al “complejo de torticolis”, que también lo observo en Sevilla, el estar siempre mirando a Madrid, esto les produce una altivez artificial en la relación Madrid-Barcelona y Madrid-Sevilla, añadiendo más artificialidad a una sociedad ya de por sí poco natural.

Una década

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Tal día como hoy de hace 10 años tuve en Madrid mi primera entrevista para reiniciar mi nueva vida personal y profesional. Fue en una universidad privada, en ese viaje decisoria me acompañaron mis hermanos Salva y Gádor, mis padres y mi hermano Alvarito apoyaban desde casa.

Hace 3.650 días comenzó, a priori, la segunda parte de mi vida. A este ritmo, no sé si mi vida tendrá las partes de un partido de fútbol o de baloncesto.

Sólo sé que Dios está jugando al escondite, como ausente, con cierta analogía a la cuarta vía de Santo Tomás, totalmente opuesto a los que se etiquetan hoy de católicos. El Jesucristo del Evangelio es lo opuesto, ésa ha sido una de las claves en esta transición vital e intelectual.

Aquél verano del 10 escribí lo siguiente, lo retomo de mi antiguo blog: “en estos días de verano he redescubierto las –pequeñas virtudes- de Natalia Ginzburg-: esos pequeños grandes momentos, que los más vulgares sólo apreciamos en tiempos de mutismo exterior, de posesión pacífica de calma.

Alguna vez ya hemos aludido a que una forma común de apreciar la vida es la de coleccionar momentos, no aplaudo o refuto esta propuesta vital, me parece lícita y compatible con otras claro.

No sólo son para el verano las bicicletas, sino también el pasar más tiempo con aquellos familiares que llevabas tiempo sin ver, con los más cercanos, con tus amigos. El verano es una buena época para embobarse con las puestas de sol, para desempolvar tu cometa juvenil, para pasaer por la playa al amanecer, para bucear, para descubrir nuevas aficiones, para viajar al lugar que llevabas esperando tantos años, para perderse en la calma estival, practicar nuevos deportes, ponerse al día con los grandes clásicos del cine y la literatura, para contemplar las estrellas en una noche despejada, para hacer la compra sin mirar el reloj, para no contar los días que quedan para el fin de semana.

Así se oxigena un espíritu, así se ordena una vida…”

En estos 3.650 días he viajado por todo el mundo, he conocido a personas de toda índole, he vivido sucesos inverosímiles, la realidad superaba a la ficción con demasiada frecuencia, he disfrutado hasta el extremo del don de la docencia, he entendido que la amistad es el plato fuerte de la vida, he visto la muerte cara a cara, he teorizado y puesto en práctica múltiples teorías del amor, entendiendo que aquello que estudié al comenzar la mayoría de edad, “el amor es un acto de la voluntad”, no es algo medieval sino que te lleva al -media virtus-. Pero sobre todo he sido padre.

Me quedo con soplar dientes de león con mi hija, jugar con plastilina, los cuentos para dormirle, jugar al fútbol, contarnos secretos, mirar aviones, buscar piñas, jugar al escondite, pintar casitas, ver “Patrulla Canina”, reírnos juntos, dormir a sus bebés, hacer puzzles, dar de comer a los patos y sobre todo, ver que después de 70 días sin ti, estás junto a mí.

El coronavirus cierra un ciclo de con las vivencias incoadas hace una década. Yo sí creo en el eterno retorno.

A mi hija

GM

Mi única forma de comunicarme contigo durante el Coronavirus está siendo a través de estas canciones. Las palabras se quedan cortas. La fotos y las videollamadas me arrancan un pedazo de mí que eres tú. Éste es el único modo en el que puedo paliar algo la “carne viva” en la que me encuentro día y noche.

Hablo contigo a través de estas letras. Me martiriza pensar los minutos, horas, días, semanas y meses que me estoy perdiendo de la mejor época de tu vida.

No encuentro sentido en nada. Me lo dan todo, pero cuanto más recibo, más vacío estoy.

Sólo tú podrás colmar esta ausencia infernal. El don de la paternidad es superior al de la vida, ya que aquél es -sine quae non- del segundo. La muerte o ausencia de tu hijo no te quita ese don, lo incrementa.

Te quiero, hija. Sigo adelante por ti.

https://matiasmendez.com/gema/

Paradojas coronavíricas (II)

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¿Dónde estaban los grandes gurús hace dos meses, los superventas? ¿Dónde estaban Ray Kurzweil, Yuval Harari, Pinker, Van Middelaar, Zizek, Byung-Chul…?

Todo es papel mojado, todas sus hipótesis están muertes.

La “teoría de la falsación” de Popper no sólo tiene fundamento en las ciencias, negando el fundamento místico de la misma, sino que esta teoría es aplicable a las humanidades como nos ha demostrado esta crisis.

Esto no nos debe llevar al relativismo. La enseñanza es que nuestro común denominador es la fragilidad, es nuestro sino, no podemos huir de él.

Apenan esas personas, parejas, familias que se dibujan, aparenten un disfraz de fortaleza, cuanta mayor perfección aparentes, más debilidad estáis escondiendo. Nuestra condición humana es débil: en nuestras relaciones, en nuestra forma de ser, de vivir, dejemos de aparentar…

La vida nos ha dado un -guantazo-, los que sigamos con vida, aprendamos la lección y levantémonos. No es cuestión de ir con la cabeza gacha, triste, es lo que somos. Cuanto antes lo asumamos y lo aceptemos, antes nos recuperaremos. Ánimo, ya queda menos.

En nuestra debilidad está nuestra fortaleza. Nos lo dijeron hace 2.000 años.

Paradojas coronavíricas

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Nunca se ha escrito tanto sobre un tema y nunca han sobrado tanto las palabras.

La situación actual nos sobrepasa, de una parte porque la realidad que estamos viviendo  no somos capaces de comprenderla ni entenderla, es imposible que seamos conscientes del sufrimiento, drama presente que conlleva y la repercusiones futuras serán tales que intentar explicarlo con mediante palabras, el medio que hemos encontrado hasta la fecha más productivo, resulta estéril y en ocasiones, ofensivo.

Casi mejor guardar silencio y el que quiera, que rece.

Por otra lado, tenemos la cuestión del miedo, la incertidumbre. Este miedo paraliza porque perdemos algo que nunca nos habían arrebatado en una sociedad como la nuestra: –el control del presente-. Hasta la fecha, éramos “pequeños dioses” instalados en una sociedad materialista, donde todo lo teníamos al alcance de la mano, el único sufrimiento era optar, elegir ante una bifurcación pero dominábamos el presente.

Nos quedaba poco para dominar el futuro, hablábamos ya de “singularidad tecnológica”, de “inmortalidad pero no eternidad” y en el momento menos esperado llegó…

Y llegó no con un desastre natural o una guerra nuclear, como todo hacía esperar, sino con un virus, cuyo diámetro es de metros.

Paradójico cuanto menos. El mundo se ha paralizado por este virus…

Algunos dicen que Dios está callado, si lo está, afirmas de manera implícita que ha estado hablando todo esté tiempo. Si está hablando ahora, ¿qué nos está diciendo? Sólo sé que a Dios se le puede pedir de todo menos respuestas. Quizás sea éste el retiro definitivo de la humanidad.