Autor: matiasmp

El paletismo hispano

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Causó furor. El discurso mediocre, diciendo las típicas obviedades, los tópicos manidos hizo que un sector de la España “paleta” le dijera a la otra España “paleta” qué machotes que somos: ¿cuál de las dos es más borrega?

Intuyo que el apocalipsis será menos vomitivo.

España tiene 8 Premios Nobel, lejos de los 254 de USA. Por cierto, Sr. Henríquez, no tenemos ninguno en Matemáticas, además de que este premio no existe, sólo tenemos 2 en Medicina.

Muy bien, con lo del invento de la fregona y el chupa-chups pero ya está bien de reírse de nosotros, USA también tiene el récord con la solicitud de 57.000 patentes según el último informe de la OBS.

Si le parece, no vamos a ser la cuarta potencia económica europea cuando hace 10 años fuimos la octava mundial.

Sólo le falta al ínclito Henríquez mencionar a Blas de Lezo, el jamón de jabugo y las hazañas de Rafael Nadal.

Llevo años diciéndolo, no nos ahogamos en nuestra inmundicia intelectual porque el mundo es espiritualmente analfabeto.

 

Llámame Peter Pan

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Ya es pasado. Ya no volverá. A mediodía terminó.

14 años de docencia, 2440 días lectivos, casi 3.000 alumnos, 1.400 tutorías con padres. Datos oficiales, los oficiosos no existen.

Esta mañana, la última mañana me marcó –como siempre- lo que estaba “fuera de la caja”. Los pequeños detalles, los de Natalia Ginzburg, Ordine y Azorín en “Castilla”.

Mientras todo el colegio brindábamos el merecido homenaje a una profesora que se jubilaba, más de 40 años de profesión, cientos de personas aplaudiendo, me giré y allí estaba él, la persona que todas las mañanas, a la misma hora, durante este curso, barría de forma impávida, hiciera frío o calor, mientras desayunaba, cerca del colegio, poco antes de las 8 de la mañana.

Con aires de Michel Ende en “Momo”, empecé a cruzar palabras con este personaje anónimo en el transcurso de los meses, desde los buenos días , al tiempo, el fútbol…

La mayoría de los días me lo encontraba cantando, con una sonrisa.

Esta mañana pensaba, nosotros los profesores, recibimos aplausos, regalos por el fin de curso o cuando cerramos una etapa, y a esta persona ¿quién le aplauda, quién le da las gracias por su trabajao diario, callado, alegre y abnegado?

Después de los homenajes, vinieron las despedidas: ese alumno que lucha para que su madre le vuelva a ver, esa alumna que no paraba de llorar porque vuelve a su país y sabe que no hay billete de vuelta, la madre que perdió ayer a su padre y no pudo acudir al funeral, el alumno que ha empezado en el mundo de las drogas, el otro que llora porque –dice- que su única casa es el colegio.

Todavía oigo los aplausos y te veo barriendo a las afueras del cole, o quizás quiero que siga ocurriendo. Llámame Peter Pan.

“Lo echaron a suertes”

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Siempre tuve claro antes las elecciones:  “en las bifurcaciones vitales de la vida tomad el camino menos atractivo, normalmente éste viene marcado por la cabeza y no por el corazón. Al principio no entenderéis la decisión pero pasados los meses, más bien años, la vida os demostrará porqué mereció la pena esa elección”.

 

Hace poco, el gran Milan Kundera me amplió el horizonte y me sacó de mi zona de confort: “El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararla  con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores (…)

Por eso la vida parece un boceto. Pero ni siquiera boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada un borrador sin cuadro”.

Ahí seguiremos, continuaremos en la búsqueda.

En un Jueves Santo

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Continúo con mi costumbre de escribir un artículo en Semana Santa.

Divagaba en clase sobre los años clave de la adolescencia. Las heridas afectivas que podemos arrastrar cuando nos alejamos paulatinamente de nuestros padres a esta edad. Les explicaba que los padres siempre están ahí, que no nos vayamos de su “calor” gratuitamente por la rebelión de la edad.

Hubo muchas preguntas. Levantaste la mano cuando ya había terminado la clase: “¿qué pasa si ya no me hablo con mi madre porque no está?”… “Lo siento… Hablamos en otro momento, si te parece”.

Pasaron dos días, era el último día antes de vacaciones. “Lo siento de veras, no sabía que tu madre había fallecido”. “No, ella no quiere volver a verme y no sé por qué“.

Independientemente de cómo transcurra esta tragedia, las realidades de mis alumnos han hecho que cambie como persona y que la mayoría de lo que nos rodea lo vea futil y absurdo.

Ahora todos pendientes del 28 abril y cinco jovenuzelos, cuando ya afirmó Ortega Y gasset, que “ser de derechas o izquierdas es una de las formas que tiene el ser humano de ser estúpido”.

Se quema NotreDame y todos colgando fotos de la Catedral cuando el 99% no sabe su historia ni sus siglos de creación. ¿Y los mil millones recaudados? La FAO calculó que con 30 mil anuales acabaría el hambre en el mundo.

En todos los sitios cuecen habas, y luego tenemos los que arremeten al pobre Papa Francisco, harto de oír a sacerdotes ultramontanos que no han visto la entrevista de Évole porque no les acerca a Dios. Si hubiera sido alguno de los dos Papas anteriores, aún estarían de rodillas.

Querida alumna, éste es un mundo analfabeto, falso y esquizofrénico pero te prometo que la situación con tu madre se puede arreglar.

Unas flores

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Llevaba tiempo queriendo dártelas, madre. Es un detalle insignificante. Una chorrada. Llevaba días acordándome de los sinsabores que algunas de mis decisiones vitales te habían acarreado disgustos que arrebatan años. No había un porqué ni un aniversario que lo incitara.

Mi bohemia sempiterna estaba haciendo de las suyas. Decidí no esperar a tu cumpleaños y llamé a la primera floristería del pueblo que apareció en -google-. Encargué un ramo de flores generoso.

A las dos horas me llamaste, no sabías qué pasabas, muchas veces le digo a mis alumnos que digamos y hagamos lo importante antes que lo urgente.

A los cinco minutos me llama el encargado de tienda con el que hablé a primera hora.

-¿No te acuerdas de mí?… No. Soy Pedro (nombre ficticio)… La conversación siguió…

Pedro tiene 4 años más que yo. Estaba en nuestra pandilla del pueblo, jugaba aquellos partidos de fútbol interminables cuando no había videoconsolas ni fortnite ni instagram. Ya en el instituto, dejó los estudios para acompañar a su padre en el mercado. Por entonces, lo pasó muy mal con la prematura muerte de su hermana. Recuerdo que yendo a la universidad, pasaba por su puesto de flores, siempre tenía una conversación amable, su sonrisa permanecía intacta: supe que tenía problemas con su mujer.

Seguimos nuestra conversación por whatsapp, me preguntó al final, ¿tú cómo estás entonces?. Iba a contestar con mi genérico tono victimista: “tirando” o no me puedo quejar, pero no sé por qué dije que bien. Él, contestó: “me alegro, yo también bien, aunque algo liado porque mi padre falleció hace 10 días y estamos con el papeleo de la floristería”.

Siempre me quedaré con el optimismo vital de Pedro.

La ceguera de la ciénaga

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En ocasiones se nos llena la boca con la mediocridad de nuestra juventud. Esta semana me han vuelto a sorprender mis alumnos. El lunes una alumna de 15 años me preguntó si le recomendaba -Padre rico, padre pobre- de Kiyosaki. Ayer uno de 13 años nos deleitó en clase haciendo un repaso de la mitología nórdica. El plato fuerte llegó en el recreo de hoy. Observo a lo lejos un alumno meditabundo, 16 años, perdido en su lectura. Me acerco, lee absorto -Dublineses- de Joyce. No doy crédito. Además lo hace en inglés. Después me espeta, sorprendido ante mi cara: “¿si no pensamos, quiénes somos?” Quizás la ciénaga que nos rodea nos impide ver el brillo de lo ordinario.

Niebla

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Conducir con niebla es peligroso. No porqué no sepas el rumbo, sino porque la sensación de peligro es inminente, el choque te acaricia a cada instante. La solución es sencilla. Aparca y espera.

El problema llega cuando esa niebla que no te deja ver más allá de 30 cm. te inunda en tu quehacer vital . Porque si en la carretera podías pararte y esperar, en tu vida no puedes parar: ése sería el final. No hay nada para quitar la niebla, los antinieblas clásicos no hacen sino intensificarla: hablar, salir, quedar con amigos, hacer deporte… nada la disipa.

La sensación de angustia se intensifica por momentos. Lo que menos te importa es el golpe, cuando no ves: lo que te rodea es accesorio. No hay respuestas ni consejos válidos y el silencio atronador atormenta.

Asesinos afectivos

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Cuando ocurre una tragedia que escapa a lo racional, los periodistas intentan contextualizar o minimizar lo sucedido escarbando en la infancia del asesino, cada vez hay más psiquiatras que se alejan de la teoría orteguiana del “yo soy yo y mis circunstancias”, afirmando sin tapujos que “el mal existe”, alejándose del -buenismo- de algunos medios.

La serie “Mindhunter” nos presentó este dilema sobre alguno de los asesinos en serie más salvajes de la historia de Estados Unidos.

Tengo comprobado que cada 5-6 años me topo con un ser misterioso, que me lleva a -los abismos de vileza humana- más sórdidos. Por muy herida que esté la afectividad de una persona, haylas que siguen mordiendo, golpeando, incluso matando con su actitud, palabras. Pasan los meses, los años y siguen. No cesan. Retorcidas. Esquivas.

En mi juventud entraba a la batalla. Hoy, contemplo con palomitas el dantesco espectáculo, intentando comprender algún día el porqué de tanto odio envenenado. Sólo el gran Dostoievsky me ha dado una respuesta aproximada: pregúntenselo a Raskolnikov.

Siempre nos quedará noviembre

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Siempre lo dije, noviembre es mi mes predilecto.

Noviembre despeja todas las dudas, en noviembre nos mostramos tal cual somos, no hay máscaras que mostrar, ni nostalgias que nos sostengan, el verano desapareció, el invierno se incoa, y del mismo modo que los árboles de mudan de piel, nosotros -los humanos- nos tornamos inermes.

Con nuestras heridas arrastradas, las cicatrices se hacen más palpables y en esta travesía de 30 días afloran las grandes cuestiones que a lo largo de las cuatro estaciones hemos ido postergando.

Las bifurcaciones se presentan con la misma frecuencia que el marchitar de la hoja caduca, la fragilidad nos amedrenta. Es un mes para empezar o para acabar. Es un mes para ordenar. Me encanta noviembre.

Luego vendrá el colorido y los alumbrados navideños, más tarde las rebajas, y después carnaval, a continuación Semana Santa, para continuar con el azahar de mayo, vislumbrando ya los primeros baños del verano… Entre tanto ruido, sólo el silencio y la pausa de noviembre aquietan nuestras frenéticas vidas.

Dicotomías reduccionistas

 

 

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He comenzado la obra póstuma de Hawking “Breves respuestas a las grandes preguntas”. Libro interesante, sin duda.

No soy quién para refutar al profesor de Cambridge pero hay algo que vengo manteniendo los últimos meses y que ya hice tras leer el último libro de Yuval Harari.

Del mismo modo que es una necedad reducir que antes del big-bang presuponemos la nada, porque lo opuesto a la nada es algo, que es que lo entendemos por la creación. Esto resulta de nuestra finitud, creamos parámetros inteligibles que nosotros seres con una inteligencia limitada y mediocre utilizamos para entendernos, pero que ni mucho menos lo creado por nuestro lenguaje equivale a lo real. No todo se reduce a la nada o a algo (o al todo, como plenitud de algo).

Del mismo modo, reducir una de las grandes cuestiones de la humanidad a si hay vida inteligente o no fuera de nuestro planeta es otra nimiedad léxica que utilizamos en un lenguaje coloquial, pero que -de nuevo- presumiblemente estará muy alejado de lo real.

El sí/no, todo/nada, blanco/negro, izquierda/derecha, bueno/malo metaforiza el analfatebismo contemporáneo de nuestra sociedad, aniquilida intelectualmente, esterilizada espiritualmente.