Lecciones de vida

Este mediodía llego al pueblo. Empiezan las vacaciones.
Aparco el coche y se acerca un señor a pedirme dinero, hago ademán de darle “suelto”, finalmente le doy 5€, me lo pienso mejor, me bajo del coche y entablo una conversación que me marcará para el restote mi vida.
Media hora después el hombre me ha contado su vida, llora desconsoladamente. Español, 65 años, separado, 4 hijos y 5 nietos de los que no sabe nada desde hace diez años.
Una hora después, el que llora soy yo mientras contemplo los cartones donde lleva durmiendo el último mes, en un refugio, apenas a 100 metros de la casa de mis padres…

Lo trágico es que anoche se intentó quitar la vida… “He perdido le fe en el género humano”.
¡Se acabó! Le grito. Súbete a mi coche que te llevo a la estación de trenes y ese amigo de Madrid de la infancia, que sabes donde vive, no te dejará de la mano.
Le doy emocionado el billete. Me acaba de llamar, ya está en Madrid con su amigo. Hoy dormirá en un colchón.
Gracias Señor por la lección de hoy.

Preambula Fidei

Siempre lo he dicho. Los verdaderos Preambula Fidei (definición acuñada por el propio Aquino) son cinco personajes históricos: Aristóteles, Santo Tomás, Miguel Ángel, Mozart y Dostoievski, ellos sin saberlo y la mayoría sin quererlo nos llevan en  volandas de la razón a la fe, son un auténtico trampolín.

Son los cinco grandes genios de la Historia. Dios deja sus huellas, nos lo pone fácil.

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‘Querétaro’, nombre de una ciudad de México y que significa  «isla de las salamandras azules», es la palabra más hermosa del español, según
los más de 33.000 votantes que han participado en la celebración del Día del Español.

¡Ay, el Latín!

» El hombre que no sabe latín aseméjese a un individuo que se encuentra en una bella comarca, donde reina tiempo brumoso; su horizonte es excesivamente limitado; no se ve claramente lo que le rodea; por muchos pasos que dé adelante, siempre son vaguedades las que le rodean. Por el contrario, el horizonte del latinista se extiende muy lejos, a través de los siglos modernos, la Edad Media y la Antiguedad. El griego, y también el sánscrito, ensanchan el horizonte aún. El que no sabe latín forma parte del pueblo, aunque sea un gran conocedor de la máquina eléctrica y tenga en su crisol el radical del ácido fluorhídrico». Arthur Schopenhauer, pág. 608, Parerga und Paralipomena.