OJO

Ayer escuchaba en una conferencia: «El amor nace de la necesidad, necesito de ti para ser yo».

No estoy en absoluto de acuerdo, te quiero porque sí. El amor es querer el bien del otro, si nace de la necesidad tiene un origen egoísta, con lo que ya no es amor. Cfr. Sto. Tomás Aquino.

 

Orfandad informativa

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Tarde lluviosa, 30 de enero de 2014.

España sigue igual, nadie se mueve, nadie hará nada cuando se ha producido una de las mayores catástrofes del último siglo.

Y es que «la libertad de expresión» sea una ironía y que miremos a Pyonyang con añoranza.

Gracias por todo Pedro J.

Aproximación a una vida excelsa

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El bien es de suyo difusivo,

El amor es de suyo exclusivo,

La verdad es de suya libre,

La libertad es verdadera,

No hay mayor unidad que lo anterior.

 

Cuidad el orden

y el orden te cuidará.

 

La belleza necesita del silencio,

El silencio lleva a la nostalgia,

La nostalgia te lleva a la eternidad.

 

Sólo la quietud colma,

sólo la felicidad aquieta.

Miguel Delibes ∞- Femmen 0

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En estos días en que tan frecuentes son las manifestaciones en favor del aborto libre, me ha llamado la atención un grito que, como una exigencia natural, coreaban las manifestantes: «Nosotras parimos, nosotras decidimos». En principio, la reclamación parece incontestable y así lo sería si lo parido fuese algo inanimado, algo que el día de mañana no pudiese, a su vez, objetar dicha exigencia, esto es, parte interesada, hoy muda, de tan importante decisión. La defensa de la vida suele basarse en todas partes en razones éticas, generalmente de moral religiosa, y lo que se discute en principio es si el feto es o no es un ser portador de derechos y deberes desde el instante de la concepción. Yo creo que esto puede llevarnos a argumentaciones bizantinas a favor y en contra, pero una cosa está clara: el óvulo fecundado es algo vivo, un proyecto de ser, con un código genético propio que con toda probabilidad llegará a serlo del todo si los que ya disponemos de razón no truncamos artificialmente el proceso de viabilidad. De aquí se deduce que el aborto no es matar (parece muy fuerte eso de calificar al abortista de asesino), sino interrumpir vida; no es lo mismo suprimir a una persona hecha y derecha que impedir que un embrión consume su desarrollo por las razones que sea. Lo importante, en este dilema, es que el feto aún carece de voz, pero, como proyecto de persona que es, parece natural que alguien tome su defensa, puesto que es la parte débil del litigio.
La socióloga americana Priscilla Conn, en un interesante ensayo, considera el aborto como un conflicto entre dos valores: santidad y libertad, pero tal vez no sea éste el punto de partida adecuado para plantear el problema. El término santidad parece incluir un componente religioso en la cuestión, pero desde el momento en que no se legisla únicamente para creyentes, convendría buscar otros argumentos ajenos a la noción de pecado. En lo concerniente a la libertad habrá que preguntarse en qué momento hay que reconocer al feto tal derecho y resolver entonces en nombre de qué libertad se le puede negar a un embrión la libertad de nacer. Las partidarias del aborto sin limitaciones piden en todo el mundo libertad para su cuerpo. Eso está muy bien y es de razón siempre que en su uso no haya perjuicio de tercero. Esa misma libertad es la que podría exigir el embrión si dispusiera de voz, aunque en un plano más modesto: la libertad de tener un cuerpo para poder disponer mañana de él con la misma libertad que hoy reclaman sus presuntas y reacias madres. Seguramente el derecho a tener un cuerpo debería ser el que encabezara el más elemental código de derechos humanos, en el que también se incluiría el derecho a disponer de él, pero, naturalmente, subordinándole al otro.
Y el caso es que el abortismo ha venido a incluirse entre los postulados de la moderna «progresía». En nuestro tiempo es casi inconcebible un progresista antiabortista. Para estos, todo aquel que se opone al aborto libre es un retrógrado, posición que, como suele decirse, deja a mucha gente, socialmente avanzada, con el culo al aire. Antaño, el progresismo respondía a un esquema muy simple: apoyar al débil, pacifismo y no violencia. Años después, el progresista añadió a este credo la defensa de la Naturaleza. Para el progresista, el débil era el obrero frente al patrono, el niño frente al adulto, el negro frente al blanco. Había que tomar partido por ellos. Para el progresista eran recusables la guerra, la energía nuclear, la pena de muerte, cualquier forma de violencia. En consecuencia, había que oponerse a la carrera de armamentos, a la bomba atómica y al patíbulo. El ideario progresista estaba claro y resultaba bastante sugestivo seguirlo. La vida era lo primero, lo que procedía era procurar mejorar su calidad para los desheredados e indefensos. Había, pues, tarea por delante. Pero surgió el problema del aborto, del aborto en cadena, libre, y con él la polémica sobre si el feto era o no persona, y, ante él, el progresismo vaciló. El embrión era vida, sí, pero no persona, mientras que la presunta madre lo era ya y con capacidad de decisión. No se pensó que la vida del feto estaba más desprotegida que la del obrero o la del negro, quizá porque el embrión carecía de voz y voto, y políticamente era irrelevante. Entonces se empezó a ceder en unos principios que parecían inmutables: la protección del débil y la no violencia. Contra el embrión, una vida desamparada e inerme, podía atentarse impunemente. Nada importaba su debilidad si su eliminación se efectuaba mediante una violencia indolora, científica y esterilizada. Los demás fetos callarían, no podían hacer manifestaciones callejeras, no podían protestar, eran aún más débiles que los más débiles cuyos derechos protegía el progresismo; nadie podía recurrir. Y ante un fenómeno semejante, algunos progresistas se dijeron: esto va contra mi ideología. Si el progresismo no es defender la vida, la más pequeña y menesterosa, contra la agresión social, y precisamente en la era de los anticonceptivos, ¿qué pinto yo aquí? Porque para estos progresistas que aún defienden a los indefensos y rechazan cualquier forma de violencia, esto es, siguen acatando los viejos principios, la náusea se produce igualmente ante una explosión atómica, una cámara de gas o un quirófano esterilizado.

¿Cuánto ganas?

dineroEn el instituto nos hablaban de nuestras aptitudes, nunca se detuvieron en este aspecto: ¿habría que hacerlo? No sé.

Quizás no, a los 17 años las circunstancias llegan a destruir la esencia de la realidad:

¿Cuánto gana un Piloto? 15.580€
¿Cuánto gana un Copiloto? 8.750€

¿Cuánto gana un Presidente del Gobierno? 7.500€
¿Cuánto gana un Notario? 5.558€
¿Cuánto gana un Médico? 4.993€
¿Cuánto gana un Juez? 4.600€

¿Cuánto gana un Diputado? 4.500€
¿Cuánto gana un Catedrático? 3.830€

¿Cuánto gana un Auditor? 2.775€

¿Cuánto gana un Obrero cualificado? 2.600€
¿Cuánto gana un Abogado? 2.510€
¿Cuánto gana un Ingeniero? 2.230€
¿Cuánto gana un Marketing? 1.990€
¿Cuánto gana un ATS? 1.890€

¿Cuánto gana un Comercial? 1.840€
¿Cuánto gana un Recursos humanos? 1.800€

¿Cuánto gana un Internet? 1.680€
¿Cuánto gana un Profesor de instituto? 1.670€

¿Cuánto gana un Traductor, intérprete? 1.600€
¿Cuánto gana un Camionero? 1.580€
¿Cuánto gana un Empleado de banca? 1.520€
¿Cuánto gana un Auxiliar de vuelo? 1.500€
¿Cuánto gana un Funcionario? 1.477€
¿Cuánto gana un Diseñador gráfico? 1.425€
¿Cuánto gana un Relaciones públicas? 1.423€
¿Cuánto gana un Soldador? 1.410€
¿Cuánto gana un Albañil? 1.390€
¿Cuánto gana un Cocinero? 1.335€
¿Cuánto gana un Administrativo? 1.320€
¿Cuánto gana un Contable? 1.200€
¿Cuánto gana un Periodista? 1.190€
¿Cuánto gana un Camarero? 1.166€
¿Cuánto gana un Dependiente? 1.079€
¿Cuánto gana un Teleoperador? 886€
¿Cuánto gana un Pensionista? 843€

Stultia Mundi

 

He visto estos días con estupor cómo atacaban a un grupo de católicos argentinos a las puertas de una Iglesia. Los manifestantes clamaban a favor del aborto, unión de homosexuales… Mejor dicho: odiaban a la Iglesia.
Tengo amigos que están a favor de estas ideas pero ni mucho menos se comportan así, el problema de estas ideas -como todas- es llevarlas al extremo donde derivan en irracionalidad a borbotones. La cristalización la estamos contemplando con el grupo «femmen», donde en España solo he percibido silenció, algo que me enerva profundamente.

Las escenas ocurridas en Argentina espantan al estupor.

No le llamemos irreverencia, ya que ésta sólo se da en personas con capacidad espiritual, en las personas que tienen esta capacidad amputada hablemos más bien de irracionalidad.

No conocerán la alteración patológica de la atención (enamoramiento, Ortega y Gasset)  ni se enfrentarán al imposible necesario (amor, Julián Marías). Lo siento por ellos.

Esto no es cuestión de religión, más quisieran, ése es el problema, por eso se retuercen y se alejan del ideal humano y no provocan más que rechazo en cualquier mente lúcida: es su manera de no aceptar la naturaleza, lo evidente. No dialogan, no hablan… Gritan, escupen, enloquecen.

No entienden que la libertad empieza desde la naturaleza, no fuera de ella.

 

Utopía

santotomasmoro

Tras la lectura de este clásico de Santo Tomás Moro me ha llamado la atención 3 de las ideas que ya adelantaba el santo inglés:

1. Hace 5 siglos ya hablaba de una jornada diaria laboral de 7 horas.

2. Recomendaba acostarse a las 20h. y levantarse a las 4 AM. El horario ideal.

3. Otro consejo con el que «soñaba» en su «isla» era que las mujeres deberían casarse a los 12 y los hombres a los 16.