
Como todos los años, me gusta escribir un artículo a principio de año plasmando las reflexiones de los últimos meses.
La sensación social, intelectual y profesional es de –erosión-. Desde el Covid, la sociedad ya de por sí -hiperconectada- y digitalizada se multiplicó de manera exponencial, haciendo los trabajos híbridos y una conexión a internet de 24-7.
Si sumamos el -boom- de la Inteligencia Artificial hace ya dos años, estamos ante una sociedad saturada de novedad, estímulos y cambios continuos. Con una característica transversal: mucha superficialidad en toda el quehacer, imperando -como decía- en el marco profesional más la forma que el contenido, más el las apariencias que la esencia, más las ventas que la visión de la empresa.
Hemos desvirtualizado nuestro propio fin, nadie se pregunta por el por qué, ya no importa.
Esto es especialmente preocupante en el mundo del pensamiento donde apenas hay pensadores que destacan en medio de tanta mediocridad. La red social linkedin es una radiografía de lo comentado: un -flatus vocis– vacío de apariencia continua guiada por el algoritmo de la IA.
El filósofo surcoreano, Byung Chul Han, en su libro sobre Simone Weil decía: –Los tres monstruos de la civilización actual son el capital, la digitalización y la inteligencia artificial. Los tres rebajan al ser humano, al espíritu hasta transformarlo en esclavo de la cuantía y de la eficiencia-.
Este discurso contra los intereses globales de las grandes élites le ha llevado a estar silenciado en los grandes foros, él no desfallece y da un paso más en el diagnóstico de la ceguera contemporánea: -esta inmanencia del consumo y de la comunicación nos ha alejado de toda trascendencia. El consumo hace que Dios se vuelva prescindible. El delirio del rendimiento y de lo que se ha dado en llamar industria -creativa- no impide ver la belleza de la verdadera creación-.
Ojalá en este comienzo de año volvamos al -Ser-, que nunca pasa.